Un llamado a la obediencia.


Jeremías 35


Los recabitas y su ejemplo, vs 1-11


Dios me ha llevado a meditar en este pasaje al contemplar como mi hijo me es desobediente y me da trabajo. Porque del mismo modo le damos trabajo nosotros a Dios cuando desobedecemos sus mandamientos, su Palabra.

Los recabitas no eran descendientes de Jacob, pero sí de Abraham, eran descendientes de Madián. Se unieron al pueblo de Israel a través de Jetro, el suegro de Moisés. Y eran como una tribu más de Israel, sujetos a las mismas leyes y a los mismos mandamientos. Sujetos al mismo Dios.

Pero en un punto vs 6-7 este hombre Jonadab, les da una serie de ordenanzas a sus hijos, no bebeer vino, no edificar casa, no sembrar ni plantar, sino vivir en tiendas para que sus vidas sean largas. En otras palabras Jonadab le pide a sus hijos que no se contaminen con las cosas de este mundo, que no hagan tesoros en la tierra, parafraseando Lucas 12:33 (“Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde el ladrón no llega, ni polilla destruye.”).

Por ejemplo, en Proverbios 20:1 dice: “El vino es escarnecedor y la sidra alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio.”. Si entonces el vino nos enfurece y nos hace errar, mejor evitemos-lo.

Tal vez a los recabitas les sonara contracorriente todas estas ordenanzas, ellos obedecieron de igual manera a su padre; y de eso se trata el mensaje de hoy, de la obediencia.

El tema de la obediencia en la Biblia es algo recurrente, porque en ella se basa nuestra relación con Dios. En conocerlo, amarlo y obedecerlo. Particularmente en esta porción de Jeremías 35 se destacan 3 cosas acerca de la obediencia:


1 Dios nos hace un llamado de advertencia o de arrepentimiento vs 13 (final)-15


De advertencia o de arrepentimiento según sea el caso. Aquél que conoce nuestros corazones sabe hasta dónde podemos llegar con una cosa antes de que se vuelva un pecado, antes de que nos separe de Él; en definitiva, antes de desobedecerlo. Y para ello nos pone límites, y nos avisa cuando estamos por cruzarlos, o nos llama a arrepentirnos y volver a la seguridad dentro de los límites (al redil), cuando los hemos cruzado.

Como en el huerto del Edén, Dios advirtió de no comer del árbol del bien y del mal, Gn. 2:17, ¿Y por qué no se podía? Porque nosotros no estábamos, ni estamos capacitados para tomar decisiones acerca de lo que es bueno o es malo, la historia de la humanidad se ha encargado de demostrarlo. Nosotros juzgamos si es bueno o es malo según nuestros deseos egoístas, Dios lo hace según su soberanía.

Entonces primero le advierte al hombre de la desobediencia, luego también lo hace con el pueblo de Israel en el desierto, antes de entrar a la tierra prometida, y lo hace a lo largo y tendido del libro de Deuteronomio, pero destaca Deut. 8:11-20. Y también habla para que se vuelvan de sus malos caminos, como es el caso de Nínive, que manda a Jonás y este pueblo se arrepiente, manda a Isaías a hablar, a Jeremías, y a tantos otros profetas del antiguo testamento. También lo hace antes de la venida de nuestro Señor Jesucristo con Juan el Bautista, lo manda “para preparar un pueblo bien dispuesto” Lc. 1:17 final.

Así también hace con nosotros, nos advierte del peligro detrás de la desobediencia, nos habla en su Palabra, a través de sueños y nos manda distintas personas.

En 1 Pedro 1:2, dice que hemos sido escogidos para obedecer; “elegidos según la presencia de Dios Padre en santificación de Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.”

Dentro de las personas hay un grupo especial puesto directamente por Dios, que son nuestros padres, y aunque nos cueste y nos parezca poco razonable obedecerlos, debemos hacerlo. Ex. 20:12 y Ef. 6:1.


Pero cuando no escuchamos las advertencias, y ni siquiera nos volvemos atrás, encontramos la consecuencia a nuestra rebeldía.


2 Hay un castigo para la desobediencia a Dios vs 15 (final)-17


Lógico, porque quién siendo niño no recibió un castigo de sus padres al desobedecer. Y si nos atrevemos a llamar a Dios como nuestro Padre Celestial, obviamente que nos va a corregir y enseñar. “Reconoce así mismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga.” Deut. 8:5.

Y es que al desobedecer despertamos la ira de Dios, Ro. 2:8: “pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;”.

Y por si esto no fuera poco, la condenación les espera a los desobedientes, “en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo;” 2 Ts 1:8.

Pero esto no es para asustarnos, Dios pone límites por nuestro propio bien, pero cuando los traspasamos, ahí es cuando comprobamos para qué estaban esos límites ahí.

La desobediencia, el desorden y la ignorancia son los terrenos favoritos del enemigo, ahí somos presa fácil. Por causa de la desobediencia podemos hasta perder la cobertura de protección de Dios, y nos puede pasar cualquier cosa. Porque la desobediencia es propia del mundo. En el mundo están los rebeldes, contra Dios, contra sus padres, contra el sistema, contra cualquier norma o cosa, el mundo está lleno de desobediencia, y nosotros estábamos ahí, ANTES estábamos ahí, ANTES eramos del mundo desobediente, porque no importa si asistimos a la iglesia toda nuestra infancia y adolescencia, no importan los méritos de nuestros padres o abuelos, ellos llevaron sus luchas procesos para ellos ser siervos de Dios, nosotros llevamos nuestras propias batallas y procesos para llegar a someternos a la voluntad de Dios. Y ahora que conocemos la verdad, a Cristo mismo; no podemos seguir en la desobediencia.

Aún así, Dios no es un Dios tirano, su ira dura lo que dura nuestra rebeldía, porque como ama y enseña un padre a su hijo; así nos ama y nos enseña Dios. Podemos arrepentirnos y pedir perdón cuando caemos en desobediencia. “(…) y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; (...)” 1 Jn 2:1-2. Más no nos dejará sin castigo, “de ninguna manera te dejaré sin castigo” Jeremías 30:11.


Finalmente el 3º punto de este pasaje destaca la obediencia.


3 La bendición que viene al obedecer vs 18-19


El obedecer a Dios trae recompensa, primero espiritual, al saber que hemos agradado a Dios, luego moral, de paz con nosotros mismos y por último material, de exaltación como el caso de los recabitas.

Cristo fue obediente al Padre, y es por su obediencia que nosotros podemos tener acceso a la salvación, Él es nuestro modelo a seguir, “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” He 5:8-9


A modo de conclusión, razones por las que desobedecemos.


Dos razones he hallado que llevan al hombre a la desobediencia, una es nuestro propio carácter soberbio, perezoso, arrogante, cobarde, y la otra es una falta de relación con Dios.


“Las reglas sin una relación nos llevan a la rebeldía, pero las reglas en una relación de amor nos llevan a la obediencia.”


Cuando no tenemos una relación de amor con Dios, de intimidad, de entrar en su presencia en oración, y conocer su carácter y su voluntad a través de la Palabra, nos es muy fácil cuestionarnos sus reglas, su peticiones de renuncia a nosotros mismos. Pero cuando le amamos lo dejamos todo por Él. Si de verdad amamos a Dios, la mejor manera de demostrarlo es obedeciendo.


Dios nos está llamando a obedecer-le, a no contaminar-nos con las corrientes de este mundo, sea cual sea nuestra situación, estudiemos, trabajemos, o tengamos una familia no convertida; “conviértanse ellos a ti, y no tú a ellos” Jeremías 15:19

Es difícil sí, a veces somos presionados por nuestro entorno a desobedecer a Dios, por temor al qué dirán, por quedar al margen o afuera de la sociedad, hasta a veces a lo que nos harán. Como el caso del rey Sedequías, pero si Dios le dijo a él “te irá bien y vivirás” (Jeremías 38:20) cuánto más a nosotros.

No echemos raíces en esta tierra, como hicieron los recabitas, después de todo, no somos del mundo.

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