Iniciando en la Oración



Una guía para los recién llegados


Si acabamos de llegar a los pies de Cristo, o si la oración no es una práctica diaria, al momento de orar nos podemos encontrar que no sabemos qué decirle a nuestro Padre Celestial. Y terminamos por tirar la toalla, y abandonar la oración ahí donde la comenzamos. Dándole al enemigo la brecha que necesita para atacar a nuestras vidas.

Muchos dicen a quienes recién empiezan a orar: “Orar es como como hablar con Dios, como una conversación con Él.” Y aunque esto es verdad, no es tan sencillo de hacer cuando recién se conoce a Dios. Lo ciertos es que la oración se torna una conversación con Dios cuando ya llevamos mucho tiempo haciéndolo y conocemos su carácter a través de la Palabra.

Pero cuando no tenemos un hábito de oración, y tampoco leemos Su Palabra, esto de conversar con Dios parece algo complicado.

¿Cómo entonces, debemos hacer para perseverar en la oración?

La Biblia misma nos responde esta cuestión. En ella, Jesús nos dejó un modelo de oración, el conocido “Padre Nuestro”. Y si bien podemos repetirla textual, él mismo nos dijo que no caigamos en vanas repeticiones. Y entonces, ¿para qué está esta oración? Para que aprendamos cómo pedirle al Padre y qué podemos decirle cuando estamos flojos o inseguros.

Acompáñame pues a analizar frase por frase la oración que nos dejó Jesús.


Lucas 11


11 Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.

2Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

3El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

4Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.



Lo primero que tenemos que tener en cuenta y que la Biblia nos señala desde el principio es que no debemos de avergonzarnos al reconocer que no sabemos orar, incluso si uno es viejo conocedor de Cristo, ya que fue un discípulo el que le pidió a Jesús que les enseñara a orar.

Cuando ya tenemos esto admitido, comenzamos a fijarnos en la estructura que tiene la oración de ejemplo que nos dejó el Maestro. En la que se identifican 5 puntos básicos por los que orar.

Oramos para...:


1. ...glorificar al Padre:

v2 “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre...” Él, todopoderoso. Omnisciente. Omnipresente. Omnipotente. Merece toda la gloria y la honra. Debemos recordar esto en todas nuestras oraciones, humillándonos delante de Su presencia y reconociendo que Él es Dios. Ap. 4:11 “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” Así que cuando ya no nos sale nada o no sabemos qué decir, simplemente podemos glorificarle.

¿Cuánto de nuestro tiempo orando empleamos en darle gloria al Padre?


2. ...que siempre se haga Su voluntad:

v2 “… Venga tu reino. Hágase tú voluntad, como en el cielo, así también en la tierra...”. Aquí Jesús nos dejó claro que el Padre habita en el reino de los cielos, y allá se hace Su Voluntad.

El libro de Jueces cuenta la historia del pueblo de Israel antes de que hubiesen reyes. Cada cual hacía lo que le parecía bien, no tenían quién los guiase. El último capítulo, narra la historia de una mujer que sufrió atrocidades a causa de la falta de dirección que tenía el pueblo de Dios en aquel entonces. Y el libro concluye con este versículo: Jue. 21:25 “En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.” ¿Cuántas veces hemos estado nosotros así; haciendo lo que a nosotros nos parece mejor y fallando irremediablemente? Pero hemos recibido a Cristo como nuestro rey y salvador, ahora tenemos quien reine sobre nosotros y dirija nuestros pasos. Entonces debemos siempre pedir que se haga su voluntad. ¿Por qué?

Primero por que debemos reconocernos como lo que somos, fallos. No tiene sentido exaltarnos delante de Dios, por más buenas decisiones que sepamos tomar para nuestras vidas, las de Dios siempre van a ser mejor. Y en segundo lugar, porque su voluntad siempre es perfecta para con nosotros. A pesar de que a veces pasemos dificultades y no entendamos el por qué, Él nos hace atravesar desiertos para que aprendamos grandes lecciones. Pero siempre, siempre; nos lleva a la tierra prometida. Dice en Is. 55:8-9 “8Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos, más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”.


¿Le pedimos a Dios que se haga su voluntad o exigimos lo que a nosotros nos parece mejor para nuestras vidas?

3. … que provea lo justo y necesario:

v3 “El pan de cada día, dánoslo hoy”. Le podemos pedir al Padre cuánto queramos, y lo que más deseamos y anhelamos. Pero debemos de tener presente que Él nos dará conforme a su voluntad (como ya vimos), y conforme a nuestras necesidades; las cuales Él conoce como dice en Lc. 12:30. Lo que quieren señalar éstos versículos es la humildad con la que debemos de pedir, para que nuestras necesidades nos sean suplidas diariamente y no estemos preocupados por el mañana. “Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” Lc. 12:34.


¿Qué clase de cosas se están convirtiendo en nuestros tesoros?

4. ...pedir perdón:

v4 “Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben...” Debemos pedir perdón a diario, pues le fallamos a Dios todos los días y hasta en las cosas más insignificantes. Sólo Jesús es el cordero inmolado, sin mancha que derramó su sangre para perdón de nuestros pecados, para limpiar nuestras manchas.

Pero así, conforme vamos recibiendo su misericordia; debemos nosotros ser también misericordiosos con aquellos que nos fallan todos los días. Pues ellos también son humanos. Mt. 18:21-22 21 “21Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

No seamos como ese siervo que recibió de su señor el perdón de una exorbitante deuda, pero no pudo perdonar la insignificante deuda de un compañero (Mt. 18:23-35).


¿Solemos contar cuántas veces toleramos las fallas de quienes nos molestan?

¿Hablamos del perdón de pecados que Cristo da, pero guardamos rencores en nuestros corazones?

5. ...para que nos defienda de todo peligro:

v4 “...y no nos metas en tentación, más líbranos del mal.” En su carta a los Romanos, el Apóstol Pablo escribió: “15Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. (…) 19Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” (Ro. 7:15;19). Como hijos de Dios nuestros pecados nos han sido perdonados y hemos nacido de nuevo. Pero ésto es en el espíritu (“5Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” Jn. 3:5-6). Más, como dijo Jesús, nuestra carne sigue siendo la misma, sujeta a las mismas pasiones y pecados. La diferencia es que en Cristo tenemos la fortaleza para apartarnos de ellos. Somos LIBRES, por la fuerza que Él nos da. Pero debemos pedírsela a diario, porque cuando perdemos las fuerzas caemos nuevamente en el pecado. En Santiago 4:7 dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Pidámosle al Padre Celestial la resistencia que sólo Él nos puede dar. Y cuando le resistimos, el enemigo busca destruirnos externamente, con accidentes, enfermedades, muertes, etc. a nosotros y a nuestros seres queridos. Pero: “9Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza. 10Al Altísimo por tu habitación. No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.” (Sal. 91:9-10).


¿Nos dejamos llevar por impulsos?


Como ya se dijo, esto es una especie de estructura, podemos seguir este orden para orar o podemos ir por donde queramos, sin caer, como dijo Jesús en repeticiones vanas (“Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.” Mt. 6:7). Recordando siempre que es él el que intercede al Padre por nosotros.

Y finalmente, cuando tenemos ya una cierta perseverancia en nuestras oraciones, es cuando este modelo o estructura se torna una conversación con el Dios Todopoderoso.


Espero hayas encontrado en esta reflexión, la bendición que necesitabas. Amén.

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