Sus cuerpos, etéreos.
Formados por el humo,
parecen eternos.
Se encuentran,
para escapar de una
condena,
para huir de la pena.
Parten de una hoguera.
Indefinidas sus figuras,
hacia el cielo se elevan.
Danzan entre las chispas,
nada aparta sus miradas.
Nada los separa.
Mas consigo trajo el
viento,
una vorágine impetuosa.
Desvaneciendo todo
sentimiento.
El humo se dispersa,
todo es difuso.
Nada regresa.
Ellos se separan,
el fuego se apaga.
Todo se acaba.
Fugaz, como las
estrellas.
Es el amor de los hombres
en la Tierra.
Una centella.

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